Una población construida hace 18 años en los cerros del exclusivo balneario de la Quinta Región para pescadores y carpinteros es hoy, también, un lugar de alojamiento. Al menos desde 2023, dos de estas casas de 59 m2, entregadas por el Serviu, se arriendan por Airbnb. A pesar de que no hay ilegalidad en el uso, nadie ahí quiere hablar del tema.
El 23 de agosto de 1989, 44 familias sin hogar se agruparon en el Comité de Allegados Número Uno de Zapallar. No querían irse de la comuna donde vivían, ni aceptar la alternativa que les ofrecían: trasladarse a Catapilco, a casi 30 kilómetros de distancia.
Entre los que conformaron la directiva en un inicio estaba Alex Urbina, de 57 años. Por entonces, con apenas 20, siendo un carpintero y dirigente social novato, apostó por dar la pelea. El deseo que tenían era armar viviendas sociales ahí mismo en Zapallar. Sin embargo, la espera fue larga. Entre trámites, proyectos que se caían y recursos que no lograban tener, pasaron 17 años.
Recién el 22 de diciembre de 2007 se concretó la primera etapa. Ese día se recepcionaron 27 viviendas en una ceremonia realizada en plena Villa Esmeralda, la localidad que habían obtenido para emplazar sus hogares, a un kilómetro de la entrada principal del balneario.
Frente a una pequeña Virgen levantada en la villa, con una panorámica hacia las playas de Zapallar y Cachagua, se entregaron las llaves y los títulos de dominio. Eran viviendas sociales, pero con una de las mejores vistas del balneario. La segunda etapa de entrega llegó meses después, al año siguiente. Ahí completaron las 77 casas proyectadas.
La norma vigente —a través del Decreto N°235 de 1985— establece que las viviendas adquiridas mediante subsidios habitacionales tienen una restricción de cinco años, durante los cuales no pueden venderse ni arrendarse a otros. Cumplido ese plazo, la propiedad pasa a integrar plenamente el patrimonio del beneficiado.
La transformación de Villa Esmeralda
Con el paso de los años, esas restricciones se levantaron y algunos vecinos optaron por vender. Uno de los compradores y actuales propietarios es Francisco Manríquez Carmona, hijo de la familia propietaria del restaurante El Chiringuito, en Zapallar. El 19 de enero de 2024 creó la sociedad Inversiones Casa de Marzo SpA, con un objeto amplio: servicios de hotelería, arriendo y compraventa de inmuebles.
La entrega de las viviendas en 2007 no solo significó dejar atrás años de allegamiento. Muchos pagaban cerca de $300 mil mensuales por piezas o casas en malas condiciones, y con la casa propia pudieron comenzar a ahorrar.
También hubo movilidad económica. "Los que trabajábamos en construcción, de carpintero, de obreros nomás, nos convertimos todos en minicontratistas", asegura Urbina.
Nicolás Herrera, gerente general de Inciti —empresa de inteligencia territorial que reúne datos de mercado en tiempo real— señala que en la Villa Esmeralda "entre 2007 y 2009 el valor promedio de una vivienda rondaba las 800 UF. En cambio, entre 2021 y 2025 —con un volumen mucho menor de transacciones—, el promedio se ubicó en torno a 4.840 UF. Eso equivale a un crecimiento anual cercano al 10,5% en el período 2007–2025". Sin embargo, señala que la baja frecuencia de operaciones exige cautela, ya que pequeñas variaciones impactan significativamente el promedio.
"La vivienda social no es solamente el acceso a una vivienda, sino el acceso a un patrimonio que les permite emprender y acceder a empleos. En ese sentido, mientras no tengamos mejores políticas de jubilación, la vivienda sigue siendo el principal patrimonio de las familias".
— Luis Eduardo Bresciani, arquitecto UC y máster de urbanismo en Harvard.
Arriendos en plataformas digitales
Ese patrimonio ha permitido que hoy esas viviendas sociales de la Villa Esmeralda se ofrezcan en plataformas de arriendo temporal como Airbnb o Booking. En la plataforma de Airbnb hay dos viviendas de la villa que, al menos desde el primer trimestre de 2023, son ofrecidas.
Uno de los arrendadores es Marco Díaz, 60 años, cuidador de casas que arrienda un departamento pequeño detrás de su casa, ubicada en la calle Portezuelo. Para arrendar es necesario reservar al menos tres noches, con un valor promedio en torno a los $350 mil pesos. Al otro lado de la carretera, un alojamiento con las mismas características puede costar hasta $1,3 millones por el mismo período.
Las viviendas de la villa cuentan con terrenos que van entre los 200 y 300 metros cuadrados y 59 metros cuadrados construidos. Su avalúo comercial hoy ronda entre los $160 millones y $180 millones, aproximadamente.
Propiedad vs. política pública
A pesar de que no hay ilegalidad aparente, los arriendos temporales en la villa se comentan poco. "Son buenas lucas que entran, que sirven para arreglar la casa, para mejorarla, para sacar deudas", señala Urbina.
Sin embargo, el académico Bresciani agrega un matiz: "Su utilización para la venta o arriendo a precios completamente inaccesibles para familias vulnerables también evidencia una clara distorsión del objetivo público de esta política, pues estas viviendas fueron concebidas para garantizar acceso habitacional a quienes más lo necesitan".
Las cifras de la región no son alentadoras. Según el estudio "Balance de Vivienda 2025" de la CChC, en la Región de Valparaíso aún hay 84.658 familias en déficit habitacional, la mayor cifra fuera de la Región Metropolitana.
Javier Ruiz-Tagle, director del Núcleo Milenio, plantea una posible solución:
"Tener viviendas en sectores de alta plusvalía, como los cercanos a Zapallar, son lugares donde —a mi juicio— las viviendas sociales deberían ser en arriendo y permanecer en manos del Estado, de manera que cumplan siempre con su rol social".
Tanto la Municipalidad de Zapallar como el Serviu de Valparaíso no quisieron participar del reportaje. Francisco Manríquez Carmona, al ser consultado por teléfono, sólo se limitó a responder: "No me parece algo relevante".


